Ibon Cabo 





Kirola, mundua eta jendea 

Febrero 13 2014

“Y sin embargo se mueve”

En los últimos tiempos, estamos viviendo algunas situaciones absolutamente dispares respecto a lo que todos los partidos denominamos ya comúnmente “pasos para la resolución del conflicto”. Sin duda, desde el respecto al futuro y al modelo de sociedad que queremos hay acuerdos sencillos y bases comunes. El problema esta cuando hablamos, no ya de la resolución del conflicto armado, sino de soluciones al conflicto político, cuyo origen para algunos es la prehistoria, para otros el abrazo de Bergara y para algunos otros, la mal denominada y reciente, transición política española.

No estamos ya hablando de cuando y como se deben dar pasos en la reconciliación, sino cómo y cuándo podemos articular espacios comunes de defensa de los valores culturales, sociales e históricos que por derecho atesora el pueblo vasco. Podremos llegar a acuerdos sobre reconocimiento de victimas, sobre libertades civiles, sobre reagrupación de presos políticos o de cualquier otra medida penitenciaria, pero el conflicto, mal que me pese seguirá latente mientras no afrontemos las dos cuestiones principales que nos separan a los dos tercios de sociedad vasca representada en el abertzalismo y al tercio restante que se considera parte de la sociedad española. Estas cuestiones son sin duda la territorialidad (Hegoalde y departamento propio de Iparralde) y habilitar la posibilidad de expresar derechos públicos como pueblo diferenciado del resto de pueblos del estado español (derecho a decidir, oficialidad selecciones vascas, marco fiscal propio, representación propia ante la UE…).

Es por esa imposibilidad de acuerdo en temas básicos (oficialidad del Euskera en Nafarroa, selecciones vascas propias, autonomía fiscal plena…), por lo que surgen amenazas y actuaciones despóticas por parte del estado español inaceptables desde el punto de vista democrático (como la muerte de Arkaitz Bellon). Ante esta situación, solamente un núcleo al estilo catalán hace factible el contraponer un poder suficiente ante el inmovilismo del estado español. Eso sí, partiendo de la base de que son los derechos políticos y civiles por lo que luchamos, no con visión maximalista, pero eso sí, con visión de estado y de marco propio. Ante esta situación política y el etnocentrismo propio de la escuela Jacobina, no nos queda otra que con cierta rabia transformar la célebre frase de Galileo en un “y a pesar de todo, se mueve” como referencia al eterno sufrimiento al que quiere condenar al pueblo vasco el PP desde su inmovilismo. El pueblo vasco se mueve y nadie va impedirle que lo siga haciendo, independientemente de que en un momento dado sean unos u otros agentes los que guíen el proceso.

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