Ibon Cabo 





Kirola, mundua eta jendea 

Marzo 11 2014

Taron y el caldero Magico en el 11-M

“En la mítica tierra de Prydain, el joven Taron se dedica a cuidar a los animales de su amo, el anciano Dallben; con cuidado especial se encarga de una particular cerdita llamada Hen Wen. Taron no está contento con su vida, durante la época ocurre una guerra en la cual preferiría luchar como guerrero en lugar de atender su responsabilidad como porquero”

Jorge Fernández Díaz en su juventud soñaba con perpetuar el régimen en la incipiente teórica democracia, pero a diferencia de Taron, no era porquero, ni trabajaba humildemente en una granja, pues fue pasando de partido en partido girando hacia la derecha hasta encontrar acomodo y terminar haciendo lo mismo que Taron, la guerra política. Ser inspector de trabajo no le daba la suficiente notoriedad y la desaparición de ETA tampoco le hace protagonista de portadas, así que después de reconocer que el 11 M no lo montó ETA diez años después (¡que haríamos sin este dato!, ¡Cuanto honor poder compartir el privilegio de esta información!), tenía que realizar alguna ekintza que le volviera a situar en el panorama político y que le diera protagonismo en la rueda de prensa correspondiente.

“Morva aparenta ser un lugar abandonado donde alguien ha coleccionado un gran número de calderos y otros objetos inservibles e inusados, pero pronto los héroes descubren que en Morva viven tres brujas: Ondina, Orvina y Olguina. Las brujas tienen un toque para el intercambio y ofrecen cambiar el caldero por la poderosa espada de Taron. Taron decide sacrificar su más preciada posesión por la oportunidad de salvar a su tierra y a su gente del peligro que supone el Rey del Mal. Tras acabar el cambio, las brujas le advierten a Taron que para detener los poderes del caldero, un ser viviente ha de arrojarse en su interior por su propia voluntad; éste entonces será devorado y los siniestros poderes del caldero llegarán a su fin”

Así que agarrado a su calero mágica y condenando a una persona normal, el ministro del interior acapara el protagonismo e impide que se hable del 11-M con una notable cortina de humo, ante la cual al gente normal no tiene defensas. El pendrive en la caldera suena más a Vázquez Montalbán que a un ministerio serio, pero la ola mediática que acompaña a todo este tipo de parafernalias impide que se haga análisis justo y real de la falta de pasos reales por parte del estado español para la resolución del conflicto. Hoy es un caldero mágico, mañana podrá ser un maletero en una chatarrería, pero en nuestra tierra las diferentes mentiras con la cual se quiere disfrazar la inoperancia del gobierno de turno, hacen que no logremos encontrar la diferencia entre una película de Disney y el comportamiento del ministerio del interior español.

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