Ibon Cabo 





Kirola, mundua eta jendea 

Enero 22 2010

Los seguratas y el nudismo

Publicado por iboncabo a las 15:08:25 en Bilbao, ciudadania

El pasado martes iba yo en el metro de vuelta para Bilbao cuando a la  altura de Barakaldo se suma a los pasajeros, un chaval en “gallumbos” (¿se escribe así?) y con la ropa a un lado seguido por dos seguratas. No sé si la cosa venia de antes o se desnudó por miedo pero el caso es que estos en vez de solicitarle que bajara (habría que preguntarse si algún reglamento del metro impide viajar en calzoncillos) le agarraron por la fuerza y lo pusieron contra la pared. Es evidente que el chaval suponía una “grave” amenaza para el orden y la seguridad de los usuarios del suburbano y que los agentes actuaron con una destreza digna de Matrix. Un amigo mío tenía una frase excelente para este tipo de situaciones (aunque quizás un poco clasista): “graduado escolar para salir de casa.

Esto me lleva a realizar las siguientes reflexiones: ¿Están los seguratas en contra del naturismo? ¿Son los calzoncillos un objeto peligroso para el orden social? ¿Cuál es el idioma solicitado para ingresar en el ilustre cuerpo de seguridad del metro? ¿A que huelen las nubes?

 

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2 comentarios -> “Los seguratas y el nudismo”

  1. pa-trulleroel 10 Febrero 2010 a las 05:40:05

    EL 25 de noviembre el vigilante de seguridad de 32 años José Antonio Jiménez Ceferino, que cumplía su trabajo en la planta fotovoltaica de Marchena, cayó en coma tras recibir una brutal paliza durante un atraco atribuido por la Policía a una banda de delincuentes de Europa del Este. Tras permanecer dos meses en coma en el Hospital Virgen del Rocío falleció y fue enterrado el pasado miércoles en el cementerio de Camas. El precio de su vida fueron unos cables de cobre. Poca cosa. Pero es que todos nosotros somos poca cosa, más bien nada, para estos delincuentes que exhiben una brutal crueldad y tienen un desprecio por la vida humana infrecuente entre nosotros. Como recordaba ayer Fernando Pérez Ávila, sus agresores le provocaron fracturas de cúbito y de radio, fractura de la órbita ocular y traumatismo craneoencefálico. Su salvajismo llegó al extremo de clavarle un punzón en el ojo; su crueldad, al de dejarlo abandonado y esposado hasta que fue encontrado a la mañana siguiente. La fotografía de Juan Carlos Muñoz que completaba nuestra información daba noticia de lo que únicamente el periodismo gráfico puede mostrar: el dolor de sus familiares. Dos meses después los brutales asesinos campan a sus anchas. CCOO ha acusado a la Subdelegación del Gobierno de no facilitar armas de fuego a los vigilantes y el representante del Sindicato de Trabajadores de Seguridad ha llamado la atención sobre “la inseguridad de la seguridad” que afecta a este sector que, además de su desprotección y duras condiciones de trabajo, arrastra una injusta mala imagen pública.

    Esta paradoja de la inseguridad de la seguridad resume acertadamente la situación de unos profesionales a los que la creciente inseguridad pública sitúa en las más conflictivas fronteras sociales sin dotarles de medios de defensa. Y a los que la hipocresía de aquellos cuyos bienes o seguridad protegen desprecia como seguratas. ¿Por qué lo hacen, entonces? ¿Por qué asumen esta profesión de alto riesgo, escasa retribución y poco reconocimiento? Porque son, en su inmensa mayoría, personas honradas que han escogido el trabajo, por duro que sea y poco reconocimiento que tenga, en vez de vivir a costa de sus familiares o delinquir. Sus excesos, cuando algunos los cometen, son ampliamente difundidos. Su arriesgado y duro trabajo diario, por el contrario, es poco agradecido.

    Y sus muertes en acto de servicio pasan más o menos desapercibidas y son inmediatamente olvidadas, como si les fuera en el (escaso) sueldo ser golpeados hasta morir por cobardes y canallas que se aprovechan de que están desarmados.
    http://www.diariodesevilla.es/

  2. Xabi Vilarel 04 Marzo 2010 a las 13:18:53

    No veo la relación entre la entrada del autor, y el comentario, que no deja de ser una noticia del Diario de Sevilla. Creo que es confundir la velocidad con el tocino.

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