Ibon Cabo 





Kirola, mundua eta jendea 

Febrero 14 2017

La acumulación de fuerzas políticas de izquierda en las ciudades

La fragmentada izquierda en Bilbao, breve resumen en datos

El 11 de julio de 1886 Facundo Perezagua fundó la primera agrupación socialista de Bilbao. Con la huelga de 1890 más de 30.000 trabajadores fueron a ella reclamando mejoras salariales durante una semana, convirtiéndose de facto Bilbao en motor de la expansión del socialismo en Euskal Herria. Facundo Perezagua se distinguió por anteponer la lucha de clases y el sindicalismo en general ante los distintos procesos y resultados electorales. Desde 1891 donde salió elegido el primer concejal socialista hasta 1920 donde fue elegido alcalde de la villa Rufino Laiseca. Pero ya entonces el socialismo vivía en la dicotomía permanente entre instituciones y pactos con fuerzas de índole moderado (léase con los republicanos en 1910 que convirtieron a Pablo Iglesias en el primer diputado socialista a cortes en Madrid) y sobre todo con la llegada de Indalecio Prieto que llevó a la expulsión de Perezagua en 1914-1915.

Si bien es verdad que en el sector nacionalista Euskadiko Eskerra en 1987 obtuvo tres concejales y Eusko Alkartasuna tres en esa misma elección, la marca principal ha sido en Bilbao Herri Batasuna con sus distintas nomenclaturas, venidas a menos desde que en 1979 obtuvo seis actas de concejal. Una nueva recuperación llegó en este ámbito con el nacimiento de EHAK en 1999 y Bildu en 2011[1].

La situación actual del Bilbao del Siglo XXI a nivel político

Las ciudades han sido históricamente reclamos poblaciones por la alta oferta laboral existente y por los servicios que están ofrecen para toda la ciudadanía. Aquellas fueron cuestiones centrales durante el desarrollo industrial y más recientemente, durante la conversión de estas al sector terciario. En las últimas décadas, especialmente desde que en los años 60 el movimiento ecologista cobró autentica fuerza, también han sido las ciudades lugares para la reflexión y la sostenibilidad como fuente de desarrollo social. Unido a la lucha contra la exclusión, la ciudad nos da las dos principales claves en torno a las cuales se mueve la izquierda actual urbana en el debate político municipal: justicia social y recuperación del espacio urbano para las personas y el medio natural.

Bilbao sin embargo ha sufrido la devastadora actuación del modelo urbanístico especulativo y la presencia de una figura innegablemente popular entre sus habitantes como fue el alcalde Iñaki Azkuna, que se comió (literalmente) a todas aquellas agrupaciones de izquierda que trataron de hacerle frente entrando a participar en sus distintos gobiernos por momentos. No olvidemos que llegó al poder con los votos de Euskal Herritarrok y que fue capaza de gobernar con Eusko Alkartasuna, Ezker Batua y tras su muerte, su partido actualmente gobierna con el PSE. Así mientras la izquierda se buscaba y se busca en Bilbao dividida y sin rumbo, el liberalismo mantiene cuotas de poder inusitadas sin que exista hoy por hoy una opción factible y capaz de arrebatar el poder a los mismos. Debe también la izquierda aprender de la capacidad de ser transversal ante la opinión pública de determinados líderes políticos.

Parece que la social democracia se hunde entre titanes políticos y que la vieja izquierda no termina de reinventarse, ni si quiera con el surgimiento de nuevos partidos. Mientras Bilbao sigue sin alternativa clara de gobierno prolifera en luchas pero con escasos réditos electorales.

Bilbao que muestra cifras a nivel social auténticamente preocupante, sigue mirando hacia fuera de sus antiguas murallas cuando hablamos de política. Mientras plácidamente el reformismo abandona su propia tendencia y se dedica a dormitar mientras la escasez de ayudas de emergencia social, viviendas de alquiler y albergues para gente sin hogar campan a sus anchas por las que fueron gloriosas calles de la muy noble e insigne villa de Bilbao. Mucho tiempo ha pasado desde que desde las filas del PCE Roberto Lertxundi[2] proponía la unidad de la izquierda y poco o nada ha cambiado pues la izquierda sigue dividida e incapaz de generar una alternativa unida y propia.

Espacios de esperanza

El trabajo de los partidos políticos de izquierda en las ciudades pasa por escuchar al arquitecto insurgente. Al ciudadano medio que sufre la reforma laboral del PP y que ve como el clientelismo es el único medio para alcanzar un puesto de trabajo estable. Ya lo advirtió Bernie Sanders en Michigan “con esta elección se trata de acabar con 40 años de discriminación de la clase media”[3]. Bilbao no es una excepción y si bien es absolutamente fundamental acoger a refugiados, pelear por una ciudad más limpias, combatir con uñas y dientes ante la reducción continuada de las ayudas sociales y de los pisos de alquiler, si bien todo esto es importantísimo, aún lo es más recuperar el orgullo de pertenencia de una destartalada clase media bilbaína.

La izquierda en Bilbao se debe unir para trabajar juntos por un nuevo modelo. Y es por eso que esta nueva fórmula de gestionar la nuestra ciudad debe ir dirigida a quién ha perdido la ilusión y desea más que nuca recuperar la esperanza. Son los desempleados-as de nuestro tejido industrial, son los trabajadores-as del sistema de servicios cada vez peor pagado y cada vez más dependiente de las multinacionales y aquellos-as que lucharon por reconstruir de las ruinas de las inundaciones primero y de la crisis de los 80 después, quienes se merecen un palco presidencial en el nuevo Bilbao. Desde el ayuntamiento ya se están poniendo algunos mimbres como la moción conjunta reclamando acceso al deporte libre para los perceptores de RGI. Si el tejido liberal se mueve en otros términos obtendrá la respecto respuesta conjunta.

Y para ello, la izquierda debe generar más espacios comunes. La izquierda debe recuperar los mensajes de la transición para tratar de impulsar alternativas en Bilbao a través de la social democracia transformadora y no de la pactista y reformista. Para ello debe encontrar aliados, algunas en la calle entre la sufridora clase media y otros en las instituciones con partidos y colectivos sociales proclives al entendimiento. Las clases populares de este país perdieron una oportunidad de oro para afrontar desde los barrios procesos transformadores reales. No puede volver a pasar y estos espacios de esperanza los deben crear los partidos políticos primando lo que les une sobre lo que les diferencia. No necesitamos más círculos concéntricos sino más espacios abiertos y en esos todos cabemos.


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