Ibon Cabo 





Kirola, mundua eta jendea 

Diciembre 22 2017

El traje de la emperatriz

Decía el danés Hans Christian Andersen que hace muchos años hubo un emperador que tenía mucho interés en ir bien vestido, en que su imagen externa fuera lo más llamativa y convincente posible. Así sus sastres le convencieron de que eran capaces de fabricar una tela tan suave y delicada que solo las personas con un sentido más agudizado del arte textil iban a ser capaces de verla. El final del cuento todos lo conocemos: el emperador apareció desnudo por las calles y los ciudadanos rieron la estupidez supina de quién pensaba estar vestido por los dioses y sin embargo, solo estaba embriagado de sí mismo, rodeado de falsos envoltorios.

Ayer los catalanes tuvieron que votar forzosamente a las diversas fuerzas políticas que allí tienen representación. Ante unas elecciones en clave de estado, la respuesta de las personas que residen o están censadas allí también lo fue. La lectura catalana en clave de estado nos deja una imagen, ya casi fija, con dos bloque definidos donde el eje izquierda derecha se diluye en aras de impulsar la república o la monarquía, según el color de la camiseta que se utilice.

Pero el análisis de los resultados no puede desligarse de lo vivido en campaña o más aún, de lo vivido desde el uno de octubre hasta nuestros días. Desde el uno de octubre el eje filosófico principal de los discursos ha sido la referencia continua a lo que es verdad y es mentira. Decía Thomas Fuller “la astucia puede tener vestidos, pero a la verdad le gusta ir desnuda”. La campaña mediática brutal en torno a teóricas falsedades del discurso independentista ha resultado baldía. Las frases sobre el “España nos roba”, aquellas ligadas a la “falsa contabilidad nacionalista” a la incapacidad de “Mejora de las pensiones”[1]; todas estas frases trataban de vestir un discurso en torno a la verdad nacional y a la mentira independentista. Todo este sistema de parches estatales ha quedado oculto bajo la visión desnuda de los votantes independentistas.

Era tiempo de héroes para el imaginario colectivo español[2]. La heroína vestida de Versace parecía dispuesta a levantar la auto estima de aquellos que ocultan en la bandera sus políticas re centralizadoras y neo liberales. A los anti héroes ya los había mandado a mirar pequeños niños orinando o directamente a hacer la cola del rancho en Alcalá Meco, pues la del paro ya la habían hecho las clases populares gracias a las políticas económicas de los firmantes del 155. Unas elecciones fundamentadas en héroes y en vengadores en el discurso en los medios, pero de nuevo vacías de realismo y lejos de lo necesario para reconstruir un país más democrático, un país mejor.

Los resultados en Catalunya son aquellos que se fundamentan en la teoría de los vasos comunicantes. NO ha habido variaciones en los resultados en función de los bloques independentista y unionista. La lógica electoral no ha servido más que para refrendar esta dicotomía excepto en un mejor reparto de escaños para el eje independentista que le va a evitar tener que pactar políticas ajenas a la unilateralidad. La redistribución interna entre ejes solo ha llevado a mejorar la posición de aquellos que defienden la independencia como modo de construcción de una sociedad más equilibrada, más justa.

El control que históricamente ejercía el PSC sobre el cinturón rojo de Catalunya ha caído[3]. Ciudadanos ha dibujo de naranja la otro ora tierra de las clases populares. Esto debería ser un aviso para navegantes: cuando el discurso se centra demasiado en el ámbito nacional, los seguidores de Bartolomé Soler se ocultan entre falsos ropajes. La izquierda en Catalunya ha quedado huérfana de referentes geográficos y se empieza a intuir allí, la misma relectura que de las clases populares se hace hoy por hoy en Europa: a peores condiciones económicas, sociales y culturales, mayor es el avance de la extrema derecha.

Así pues, el desfile de la emperatriz, arropada por todos sus sastres mediáticos se ha mostrado carente de resultados. Incapaz de hacer mella en la política de bloques y en el eje nacional español – nacional catalán. La emperatriz va desnuda y el pueblo es consciente de ello pues solo aquellos que ya votaban nacionalismo español lo han seguido haciendo. El IBEX 35 había logrado controlar el mensaje y ocultar las políticas que ya llevan tiempo poniendo en práctica con la ayuda del PP en el estado español y con el aplauso de la troika en Bruselas. Ciudadanos era la nueva marca blanca de la patronal más rancia y aspiraba a seguir haciendo daño entre la gente común con sus políticas. Sin embargo se ha quedado a las puertas de la revolución neo liberal y ha dejado de ser la esperanza blanca para convertirse en el “Naranjito” del 2017.

Para nuestra desesperación, la mirada en el espejo catalán no ha tenido su reflejo en Euskal Herria. La CAV sigue parada a la espera de que alguien nos saque del letargo al que nos tienen sometidos los del tripartito a la vasca. Mientras por el estado los ataques al autogobierno vasco levantan ampollas entre sus seguidores aquí[4], las opiniones sobre la necesidad de re centralizar el estado en torno a un concepto cultural español jacobino se multiplican. Nosotros, sin embargo, aquí, debemos mirar con altura de miras.

Necesitamos un impulso en el proceso de emancipación nacional ligado a un cambio radical en las políticas sociales. En Nafarroa ha sido posible y en el resto de Hego Euskal Herria puede serlo también. En Cataluña ya hemos visto que la emperatriz iba desnuda y que su vestido de oro y grana, lo era en realidad porque su única intención era la de torear a las clases más desfavorecidas. Nos merecemos una república vasca digna y para ello tenemos que fijarnos en lo acontecido en Catalunya para no perder nuestras referencias geográficas clásicas y para avanzar en el área metropolitana impulsando un proceso soberanista propio.

Una vez que se han caído los falsos envoltorios de la emperatriz desnuda nos toca recuperar las albarcas y recuperar a la gente, nos toca mirar hacia el futuro. Ya sabemos que ella ha terminado desnuda en Catalunya, pero ojo, no vaya ser que al final aquí también termine reinando rodeada por el ejército de los pelotas mediáticos pero sostenida sobre todo por las clases más desfavorecidas. Por pura desesperación, a veces, las clases populares, terminan intentando imaginarse un vestido social donde solo existe alabanzas al IBEX 35 y sus socios-as. Lo sucedido en Catalunya nos debe servir a Euskal Herria para intentar ver con otros ojos la política, para impulsar nuestro propio proceso desde otro ámbito. Aún estamos a tiempo. La ponencia de auto gobierno puede ser un buen marco para iniciar nuestro proceso. Cataluña nos ha dado una buena lección y a futuro nos traerá más. No caigamos en la trampa del emperador y pongamos en marcha otro tipo de tejido social.


[1] El economista 20-12-2017 21 mentiras para el 21-D

[4] ABC 20-12-2017 Iñaki Ezkerra “El Cupo y el nacionalismo español”

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