Ibon Cabo 





Kirola, mundua eta jendea 

Archivo de la categoria 'ciudadania'

Mayo 21 2018

Filias y Fobias de Pinky y Cerebro en el momento actual


Una buena capa todo lo tapa

Refrán español

La izquierda, histórico o nueva, juega la partida acomplejada ante una derecha española lanzada que explota las contradicciones que emanan del sistema actual. Ante este escenario el desgaste en votos viene provocado por debates superficiales donde la imagen choca contra los verdaderos objetivos de la transparencia o la participación, el control democrático y el reparto de la riqueza a través de la racionalización de la distribución de la propiedad.

En los últimos años a los rojos les ha acostado asumir que tras la caída del muro de Berlín la única alternativa al sistema capitalista es la regeneración democrática del sistema y la reforma radical del capitalismo. En aquellos países donde se ha asumido con naturalidad esto, se ha generado un nuevo espacio ideológico donde el juego de las mayorías no genera miedos y si grandes esperanzas de cambio. Principalmente esto se ha desarrollado en latinoamerica y en los últimos tiempos en Portugal.

Ante este renacimiento cultural de la izquierda, en Europa, la derecha ha recuperado la política del miedo (terrorismo, valores patrióticos exacerbados, ruptura con la libertad de expresión, vuelta al extremismo religioso) para hacer frente a lo que ella considera su única prioridad: el control del sistema para no ver mermadas sus fuentes de ingresos infinitas.

Para ello, el club de BilderBerg, trató de condicionar la capacidad de salto entre clases de las personas que pertenecían a los estratos bajos y medios. Puso en marcha un sistema de crédito fácil y a la vez, dificultó el acceso y la salida del sistema hacia el bienestar global. Por un lado, limitó la capacidad de los jóvenes a acceder a un empleo digno, logrando que cualquier estado a futuro sea mejor que el inicial. Además proporcionó la dependencia orgánica de los bancos a las clases medias, para que vivieran envueltos el vestido del emperador y fuera más difícil entrar que salir. Por último, azuzó a los mayores imponiendo normativas que impidieran el acceso a una pensión digna de aquellos-as que llevaban toda una vida trabajando. Además los partidos conservadores impusieron recortes en educación y sanidad para que el verbo vivir fuera sustituido con rapidez por el de sobrevivir. El sistema había impuesto así el control social sobre el progreso con la esperanza de que el miedo hiciera el resto.

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Mayo 06 2018

No hay tregua.

Haizea dator ifarraldetik, hego berotik ekaitza,

Ez da nabari lanbro artean zuhaitz hautsien amaitza.

Eguneroko lagunak ditut beldurra eta zalantza

Ardo txar honek eragiten dit noraezeko balantzea”

Xabier Lete

Pasando días enteros entre textos sobre el fin de la lucha armada, a veces se puede tener la sensación de que antes incluso de que se produjera, la mayoría tenía ya el guion escrito. Esto puede ir ligado a la previsibilidad de los hechos, pero no oculta sin embargo una cierta lejanía con respecto a los tiempos en los que los hechos relevantes en política ayudaban a los virajes inesperados y contagiaban de ilusión a las personas. Parece ser, que ante los cambios, la respuesta de los agentes políticos actuales es la misma de siempre: no hay tregua.

Euskadi ta Askatasuna se ha disuelto tras casi 60 años. Para poder caminar hacia delante hay que echar la vista atrás. Cada época es un mundo y un contexto y no se debe analizar con óptica de 2017 lo ocurrido en 1958. Fundado por miembros expulsados de EGI (juventudes del PNV), su origen asambleario y reivindicativo del aspecto cultural vasco (idioma, escultura, vinculaciones con la iglesia, medio rural y montaña, deportes autóctonos…), tuvo, visto sin rencor político, una plasmación extraordinaria en adelante a la hora de definir “lo vasco” y marcar distancias con otros modelos. De esos tiempos nos ha quedado el lenguaje militar a la hora de referirnos al conflicto vasco, la óptica (actualmente deslegitimada) de la mitificación del guerrillero y el intenso trabajo de reivindicar la memoria histórica y la lucha anti franquista como nexos de unión entre diferentes.

Sin embargo la historia de ETA está unida a su interpretación en clave política de las coyunturas sociales de cada momento. Maximalista en sus objetivos, en algunos análisis teóricos supo plasmar algunas preocupaciones de la sociedad vasca con desigual acogida por las formas empleadas (por ejemplo, dos elementos fundamentales aquí fueron la lucha anti nuclear y la controversia relativa la heroína en los años 80). Sin embargo, su auto definición como agente político fue a la postre su mayor error y lo que le privó, con el tiempo, del apoyo de esa parte de la sociedad vasca que entendía la lucha armada como justificable en el postfranquismo y principios de la era democrática. ETA sufre diversos vaivenes ideológicos en función de los distintos fracasos que se dan durante las distintas treguas y estos le llevan a cambiar la estrategia social en cada momento, lo cual fue poco a poco alejándole, sin ser consciente, de su propia auto definición.

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Abril 12 2018

El Athletic, motor social, deseo de muchos otros

“Gracias al fútbol un país pequeño puede ser grande”.-Roger Milla.

El Athletic es un club único por su filosofía que, como decía Napoleón Bonaparte en alusión al liderazgo (“un líder es un repartidor de esperanza”), es una institución que lidera la reivindicación de lo diferente, ante el imperio y la monotonía cultural que acompaña al sistema económico actual. Los-as jugadores-as de fútbol formados-as o nacidos-as en las siete provincias vascas, tienen un lugar especial al que llegar para poder ser parte de una delegación cultural sin parangón.

Gracias a su política deportiva, un país pequeño, lleno de embajadores en lo deportivo, tiene la posibilidad de dar a conocer nuestro idioma, nuestra tierra y nuestra particular idiosincrasia por los cinco continentes a través del deporte más poderoso del mundo. Para poner el foco en esta dirección, lo importante, sin duda, es alcanzar un consenso social y una capacidad de unión que supere las habituales divisiones. Un club que se oponga sin miedo, desde la particularidad, al sistema económico y cultural que impera en el fútbol. Decía un poeta estadounidense, que en este mundo se puede ser martillo o yunque, el Athletic pudiera parecer que eligió ser lo segundo, pero cuando esta unido, sin duda se convierte en un depredador de conciencias que pone en valor la cantera como sistema y la cultura como prioridad.

Siendo el Athletic, el motor de un pueblo, no siempre ha podido todo el mundo ser parte de la dirección. Fue Beti Duñabeitia (1977-1982) quién, en esos años en los que alcanzar el sistema representativo parecía el fin y no el medio, quién impulsó la participación social a través de la filosofía “un voto, un socio”. Es a partir de ese momento cuando el Athletic, siendo un club privado, se abre a la sociedad y le pide que participe activamente en su dirección. Sin duda, un paso fundamental para el impulso del club a nivel social y para el desarrollo del modelo que actualmente conocemos.

Esto llevó a que Pedro Aurtenetxe alcanzara desde su junta directiva la presidencia en el siguiente periodo tras su paso previo como directivo. Su época, si bien fue dorado en cuanto títulos deportivos, destacó sobre todo por la modernización del club (creación de la figura del jefe de prensa, acceso de la mujer al palco de San Mames, profesionalización de la plantilla, llegada de medios técnicos en el ámbito de la fisioterapia y la preparación física, modernización de las instalaciones de San Mames…). Aún así, los líos deportivos entre líderes (Clemente – Sarabia) marcaron una errática y errónea política de fichajes (Baquero, Loren…) que llevó al club a emprender un descenso en los resultados, del que le costó mucho recuperarse. Además, llevó la sede social del club al Palacio de Ibaigane, sin duda otro guiño a la historia que vislumbraba los nuevos tiempos de un presidente muy especial con visión de marketing y de futuro.

Las elecciones a la Junta Directiva del Athletic Club en el año 1990 fueron el preludio de lo que a partir de entonces y hasta ahora iba a ser el show mediático que acompañaría para siempre al resto de los procesos. Así pues, la división de los grandes grupos de comunicación vascos en torno a figuras irreconciliables, se iba a repetir año tras año, elección tras elección, a partir de entonces. Jose Julián Lertxundi ganó contra pronóstico a Jose Maria Arrate tras un pacto in extremis con Jose Antonio Llantada a cambio del regreso de Javier Clemente al banquillo local. Fue la derrota de los grandes medios escritos ante lo que también en adelante iba a ser decisivo a la hora de ganar el sillón de Ibaigane: el inquilino del banquillo. La época de Lertxundi no fue muy prolífica en cuanto a resultados y su éxito más relevante fue la tranquilidad deportiva que se alcanzó con Jupp Heynkens y el surgimiento de la estelar figura de Julen Guerrero. No fue suficiente y los medios de comunicación, que se habían visto derrotados en esta voltereta de última hora, le devolvieron la jugada y a pesar del regreso a Europa, Lertxundi tuvo que dejar el sillón de cuero de la calle Mazarredo.

Jose María Arrate fue el siguiente inquilino y tuvo que combatir con la ley de sociedades anónimas del deporte y con su costumbre de dejar “atado y bien atado” a todos los de su círculo (error que llevó a posteriori al pago de indemnizaciones millonarias a empelados). Fue una época sin duda de estabilidad deportiva, económica y social, marcada por los nuevos contratos televisivos. Estos devolvieron al club la capacidad de “ser martillo” y fue una época prolífica en fichajes, no solo de jugadores o entrenadores, sino también en campos como la medicina (Sabino Padilla). Tuvo que gestionar además la implantación de la sentencia Bosman que fue y es sin duda un hándicap para el impulso deportivo del club. A nivel de gestión, sin embargo, iba a ser, la creación de una marca propia de ropa para el club “la marca Athletic Club” su principal aportación, junto con la gestión del centenario del equipo. Su gestión fue un éxito, no solo a nivel económico, sino también a nivel social, como buen ejemplo, se produjo el triunfo en diversos festivales de su spot televisivo de divulgación (Mark Roberts, rey de los desnudos en los campos de fútbol, aparecía vestido de marca Athletic).

La implementación correspondió, sin embargo, al difunto Javier Uria que también creó la Fundación y renovó a fondo las instalaciones de Lezama, cimentando lo que sería el Athletic Club moderno que hoy conocemos. Sin duda un presidente que volvió a dar un giro en la gestión tan espectacular como el que dio Pedro Aurtenetxe en su día y que una terrible enfermedad le apartó de mayores logros. Además, dio un vuelco al imaginario colectivo en torno al Athletic Club, creando la sección femenina que puso en clave de igualdad a un club, que hasta el homenaje a Manolo Sarabia no había permitido acceder al palco a las mujeres. Desde entonces hasta ahora los demás presidentes han pivotado en torno a su legado. Ugartetxe completó su camino sin pena ni gloria y en víspera de un nuevo proceso electoral tumultuoso.

Fernando Lamikiz fue el siguiente inquilino del ya centenario club. Venía de perder las elecciones con Javier Uria y había conservado su apoyo interno siendo parte de la paz social que reinó durante el periodo anterior. Errores y acierto en lo deportivo (Zubiaurre, Javi Martinez), pero sobre todo fue conocido por su continuo interés en estar en el pil pil de los medios de comunicación. Eso lo quemó pues como decía un filosofo chino, “Un líder es mejor cuando la gente apenas sabe que existe, cuando su trabajo está hecho y su meta cumplida, ellos dirán: Lo hicimos nosotros”. En este caso, cada vez que aparecía en antena subía el pan y finalmente fue un lastre que terminó afectándole en lo personal, siendo de lejos una de las persona con más carisma que ha presidido el Athletic. Le sustituyó Ana Urquijo, Primera presidenta en la historia de la Athletic y una persona a la que siempre se le echará de menos por su humildad, buena gestión y respeto a los valores que emanan de nuestro querido Athletic.

El duelo entre los máximos diarios de difusión escrita de nuestro país, tuvo lugar en las elecciones que Javier García Macua ganó a Juan Carlos Erkoreka. Macua contaba con el favor del grupo Vocento y Erkoreka del grupo noticias y Gara. Macua se decantó para ganar por una política agresiva de fichajes y Erkoreka, a través del asesoramiento de altos empleados de la casa, por hacer retornar a los valores viejos y recientes a puestos de dirección, destacando entre todos ellos, el regreso del hijo prodigo: Julen Guerrero. El fútbol ganó a la imagen y estando los dos candidatos de acuerdo en el inquilino del banquillo, los fichajes pesaron más que el romanticismo pues los tiempos deportivos anteriores no habían sido destacables en la sección masculina. Macua llegó creyendo ser invencible y asumiendo que el control de los empleados de alta dirección de la casa se suponía inherente a la figura del presidente. Se equivocó y a pesar de traer la tranquilidad deportiva y económica a la institución perdió las siguientes elecciones tras prescindir de aquellos que le habían apoyado para llegar allí y a pesar de mantener el apoyo del grupo Vocento.

Dijo Josu Urrutia el día de su retirada “Igual soy yo el que le tendría que hacer un homenaje al Athletic” dando muestras desde el principio de que su implicación no se iba a limitar a desarrollar su papel como jugador. Desde su llegada en 2011 y salvo excepciones muy contadas, la tranquilidad social, deportiva y económica ha sido su autentico sello, volviendo a ser el Athletic, un club al más puro estilo inglés de los años 20, donde tomar una taza de té mientras se observaba el “football” era un placer más dentro de la buena vida. La tranquilidad y el consenso en torno a lo que tiene que ser su filosofía deportiva, ampliada a la inmigración creciente en Euskal Herria, una política económica siempre productiva pero pujante a la hora de renovar a las principales estrellas nacidas en Lezama y sobre todo un consenso social en torno a su figuro y al equipo que le rodea, ha sido la impronta que ha otorgado a su presidencia. Como únicos haberes, le han quedado la profesionalización de la plantilla femenina, la celebración de elecciones sindicales libres entre sus empleados y la gestión de enfrentamientos en las afueras de San Mames en los partidos europeos.

Sin duda la llegada de Josu Urrutia a la entidad y su salida solo puede corresponderse con la de interés, otra vez más comunicativos que deportivos y sobre todo con la pérdida paulatina de confianza que suelen percibir los altos cargos de la entidad que se mueven como peces en el agua en periodo electoral. Independientemente de la decisión de Josu Urrutia, el Athletic si algo necesita es tranquilidad institucional, un equipo de trabajo en Lezama para diez años y entrenadores que duren lo máximo posible al frente del primer equipo masculino y femenino. Decía Teheodore Roosevelt que “El mejor ejecutivo es aquel que tiene el buen sentido de elegir buenos hombres para hacer lo necesario y suficiente autocontrol para no estorbar cuando lo hacen”. Este ha sido sin duda el papel de Josu Urrutia, volcado durante su presidencia en crear equipo a pesar de los intereses fuera y dentro de la casa.

El próximo presidente del Athletic y sus directivos-as, deberán nadar en esos valores y afrontar el reto de la renovación necesaria de la plantilla en los puestos de arriba, la apertura de la Fundación hacia una vinculación más directa con su tierra cercana y sobre todo, la continua exigencia mediática y deportiva que supone competir con los límites de nuestra filosofía. Para ello, cuanto más amplio y diverso sea el consenso mejor y cuanto más localizado el anillo concéntrico que rodea a los socios de la entidad, más fácil será la lucha contra un sistema económico imperante en el fútbol que perjudica los intereses de clubes con modelos con matices tradicionales. El Athletic somos todos y la paz social de los últimos tiempos, no puede verse perjudicada por intereses privados, por deseos no espurios. Gracias al Athletic, podemos seguir soñando, podemos seguir siendo grandes a pesar de ser pequeños. Sigamos así.

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Marzo 27 2018

¡Es el plástico carajo!

”Si supiera que el mundo acabará mañana, aún hoy plantaría un árbol”

Martin Luther King, Jr.

Marcelo Bielsa, ex entrenador del Athletic Club Bilbao, solía alentar a sus chicos con frases sacadas de lo más profundo de su ser. Entre sus célebres expresiones, se encontraba la palabra carajo lo que comúnmente utilizaba ante los mortales para hacerles observar evidencias que ellos eran incapaces de percibir a simple vista. En estos días donde se vuelve a hablar de incineración como método ideal para reciclar y generar energía, cabe recordar que se trata de un elemento derivado del petróleo cuyas consecuencias tras su incineración son tan malas como tras su producción masiva. Parafrasear e al Gran Marcelo puede ser un buen inicio para este artículo de opinión.

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Febrero 22 2018

Supremacía cultural del reino de España, el futuro inmediato que nos viene (I)

En los últimos días hemos vivido nuevas fases expansivas en torno a la supremacía cultural del reino de España en torno a tres elementos teóricamente culturales, el himno, la bandera y el idioma. En este ciclo expansivo de la supremacía cultural española, podemos incluir también las continuas alusiones a las necesarias políticas de freno a la inmigración, del control de las ayudas sociales y las habituales arengas en torno a los llamados privilegios vasco navarros. Cabe ante esta situación (nada nueva por otra parte), detenerse y analizar con tranquilidad el ciclo de supremacía cultural política al que nos quiere arrastrar el aparato conservador del estado y sus portavoces mediáticos.

En la dialéctica que se establece entre lo común y lo político, la duda es quién fue ante sí el huevo o la gallina. Suponemos que lo cultural es el germen de lo político y la base sobre la que se articulan las relaciones de poder y de construcción del imaginario colectivo. Por extensión, las instituciones deberían ser la consecuencia derivada de este imaginario colectivo, trenzado durante siglos por una diversidad infinitesimal fundamentada en las personas y su contexto social. Sin embargo, la realidad comunicativa y la evolución democrática del voto nos indica justo lo contrario: es el contexto el que está definiendo en los últimos tiempos la relación de las personas con respecto a las instituciones y la interpretación que de su labor realizan éstas.

Así pues, surgen derivadas de un contexto político convulso, determinadas opciones que impulsadas por discursos grande elocuentes (como el de Felipe VI en torno a Catalunya), tratan de establecer una relación de superioridad moral y ética en torno a un sentimiento y unos elementos culturales, sorprendentemente (en teoría), postergados por aquellos que provenientes de la periferia española, pretenden humillar y menos preciar los valores de todos-as, los valores comunes, los valores españoles.

El problema surge cuando se intenta por la puerta de atrás hacer ver que estos valores comunes son muestra de generosidad y consenso y no, como verdaderamente son, representaciones claras de una ilusión borbónica nacida en la ilustración en torno a la supremacía cultural del reino español. Decía Mario Onaindia[1], que “el padre de John Hume le dijo una vez, las banderas no se comen” a la vez que decía que “el marco del abandono de la violencia en Irlanda está ligado a la existencia misma de la Unión Europea donde todos sus ciudadanos tendrían dos nacionalidades, la europea y la del estado en origen”. Es decir, si bien según Mario, ex militante de ETA, EE y PSOE, existen valores comunes que engloban a todos y pueden llevar a decisiones históricas, la dicotomía está ligada indisolublemente a una relación bilateral entre el marco histórico y el nuevo imaginario institucional.

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Febrero 07 2018

Una oportunidad para la profundización democrática

Todos los males de la democracia pueden curarse con más democracia” Alfred Emanuel Smith

En las últimas semanas, hemos leído la propuesta de soberanía compartida que EH Bildu ha extendido al PNV y a Podemos para configurar un espacio de arreglo histórico, fundamentado en el respeto a la legalidad y en la bilateralidad. El recorrido que une la historia foral con la actualidad política es sin duda un camino por el cual se puede transitar sin renunciar a la legalidad como vía común de trabajo para todos.

El pase foral o la sobre carta en Nafarroa obligaba a los conquistadores castellanos a adaptar sus decretos a la foralidad existente, permitiéndose mediante dicho pase, la no aplicación de las leyes emanadas de las cortes de Castilla si están eran contrarias a fuero. Establecían pues un principio de bilateralidad sustentado en la lealtad mutua. La pérdida de la capacidad de decir que no a aquellas ordenes que emanasen de Madrid por parte de los territorios forales vascos tras las guerras carlistas, fue de facto, la renuncia a la bilateralidad.

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Diciembre 22 2017

El traje de la emperatriz

Decía el danés Hans Christian Andersen que hace muchos años hubo un emperador que tenía mucho interés en ir bien vestido, en que su imagen externa fuera lo más llamativa y convincente posible. Así sus sastres le convencieron de que eran capaces de fabricar una tela tan suave y delicada que solo las personas con un sentido más agudizado del arte textil iban a ser capaces de verla. El final del cuento todos lo conocemos: el emperador apareció desnudo por las calles y los ciudadanos rieron la estupidez supina de quién pensaba estar vestido por los dioses y sin embargo, solo estaba embriagado de sí mismo, rodeado de falsos envoltorios.

Ayer los catalanes tuvieron que votar forzosamente a las diversas fuerzas políticas que allí tienen representación. Ante unas elecciones en clave de estado, la respuesta de las personas que residen o están censadas allí también lo fue. La lectura catalana en clave de estado nos deja una imagen, ya casi fija, con dos bloque definidos donde el eje izquierda derecha se diluye en aras de impulsar la república o la monarquía, según el color de la camiseta que se utilice.

Pero el análisis de los resultados no puede desligarse de lo vivido en campaña o más aún, de lo vivido desde el uno de octubre hasta nuestros días. Desde el uno de octubre el eje filosófico principal de los discursos ha sido la referencia continua a lo que es verdad y es mentira. Decía Thomas Fuller “la astucia puede tener vestidos, pero a la verdad le gusta ir desnuda”. La campaña mediática brutal en torno a teóricas falsedades del discurso independentista ha resultado baldía. Las frases sobre el “España nos roba”, aquellas ligadas a la “falsa contabilidad nacionalista” a la incapacidad de “Mejora de las pensiones”[1]; todas estas frases trataban de vestir un discurso en torno a la verdad nacional y a la mentira independentista. Todo este sistema de parches estatales ha quedado oculto bajo la visión desnuda de los votantes independentistas.

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Noviembre 06 2017

Tiempo de volver a caminar juntos, tiempo de aprender del pasado

Ante la tesitura de estar en la antesala de un gran acuerdo abertzale en la CAV, conviene recordar los marcos y las fases de reflexión que hemos vivido en las últimas décadas y las distintas fases de acumulación de fuerzas que casi siempre han derivado en fracasos y frustraciones por distintos motivos.

A pesar de esto el Partido Nacionalista Vasco siempre nos ha indicado que el hecho de traer competencias y también de acercar a nuestro territorio cotas de auto gobierno sin parangón, eran sinónimo de bienestar y de estar ante la “mayor cuota de autonomía y de descentralización de Europa”.

Recordar ahora Txiberta, la propuesta de Garaikoetxea, Lizarra-Garazi… no es necesario en este momento. Lo que sí es verdaderamente interesante es recordar dos o tres momentos que a lo largo de la historia han llevado al fracaso de distintas ententes políticas. Todos ellos mantuvieron un nexo atemporal común: cuando se tocaron estructuras de estado terminaron en la caverna de la pre historia política.

Si tienes la capacidad de recaudar impuestos, tienes la posibilidad de decidir como distribuyes el gasto e incluso en un tiempo en el que pinten bastos, puedes oponerte de facto a diversas órdenes impuestas. A muchas, quizás hasta “155” malas ideas que se nos pudieran ocurrir en estos momentos. También el concierto y el cupo, aceptándolos como elementos transitorios hacia la república vasca, dotaban y dotan a la CAV de una autonomía ejecutiva especial con respecto a otros territorios autónomos. Pero todos ellos están bajo el paraguas de una negociación cada cierto tiempo con el gobierno de turno, aunque el concierto este reconocido por la propia constitución española.

La primera frustración sería en torno a las estructuras de estado, fue el malogrado tripartito entre PSE-EA-EE. Cuando se puso sobre la mesa el reclamo de la transferencia de la seguridad social, la respuesta de Madrid fue que no y se agarraron a un falso precepto de lo que desde entonces se denomina “Caja única” para no seguir adelante. Hay que tener en cuenta que en aquel entonces lo único que se reclamaba era la gestión y el control, pues en la CAV ya se recaudaban los impuestos. Además estas debían ir acompañadas de las competencias en materia de empleo que fueron transferidas en la época de Patxi López por Madrid. Así pues, el no fue aprovechado por el PNV para formar un gobierno con el PSE que pervivió durante una docena de años. La transferencia quedó pendiente para tiempos de mayor reparto privado y peor gloria hasta convertirse en parte del jurásico político.

Otro ejemplo significativo fue la creación en 1995 del órgano común vasco navarro que no llegó a formalizarse por la dimisión del presidente navarro (en aquel entonces del PSN). Este órgano iba a poner fin a la falsa ilusión de que Navarra y Euskadi eran realidades distintas (este sueño de la derecha Navarra apenas había nacido en el año 1979 pues durante el resto de la historia, ni siquiera para el constitucionalismo fue así). Sin embargo, tampoco se llevó finalmente a cabo y el órgano que pretendía resolver el nudo gordiano de la territorialidad terminó parado en el baúl de los recuerdos.

El tercer punto en el periplo de las estructuras de estado frustradas fue el mal llamada Plan Ibarretxe. En 2005 un nuevo estatuto que reconocía la bilateralidad y la capacidad de igual a igual de la CAV frente al estado (sustentado en un preámbulo sin validad jurídica) fue tumbado en el congreso de los diputados por el eje unionista PSOE-PP.

En los últimos tiempos esta entente, lejos de darse la espalda, ha vuelto a construir un dique de contención común frente a las aspiraciones catalanas. ¿Sin embargo cual es la diferencia entre la situación en la CAV y en Catalunya?

En Catalunya se ha dado un proceso de rechazos acumulativos. Los intentos continuados de llegar a consensos entre los residentes en la Generalitat y los de la Moncloa, han sido un continuo fracaso. Además Madrid y su ala más reaccionaria, se han ocupado de convertir estos desencuentros en épica patriótica y en caldo de cultivo para la extrema derecha española representada da doblemente, ahora sí, por Ciudadanos y el PP.

En la CAV sin embargo el estado se ha preocupado muy mucho de que estos encuentros no tuvieran una línea continua temporal. Escisiones, ilegalizaciones, apariciones sorpresas de casos de corrupción…. Todo en el último momento para que las cifras dieran la combinación perfecta. En Catalunya sin embargo, el estar bajo la vigilancia de la opinión pública internacional, han tenido dificultades para implementar este tipo de técnicas. La última idea, el generar una cadena generalista teóricamente de izquierdas que avalase ante el electorado más moderado la negociación como único camino, también ha terminado de quitarse la careta. Una negociación eso sí, siempre sesgada hacia el ámbito de decisión estatal y alejada de la bilateralidad o las estructuras de estado.

Así pues, ante este momento de cambio de rumbo que parece inminente, cabe recordar donde debieran estar los valores políticos del acuerdo, pues el tiempo de luchar por la copa del rey (antes del generalísimo), parece ya poco ambicioso para un equipo que mínimo debe luchar por la liga para poder competir con el resto de clubes en Europeos de igual a igual en la Champions de la política.

La creación de nuevas estructuras de estado debe ser la primera fase para después impulsar el reparto de la propiedad y de la riqueza a través de una fiscalidad progresiva y de unos presupuestos participativos más parecidos a Porto Alegre que a los últimos acuerdos entre fuerzas políticas vascas y estatales. Estamos ante una ventana que se abre pero no olvidemos cual es el objetivo final en todo esto. Sin estructuras de estado, las transferencias son ratones atrapadas en la jaula del tiempo y se nos impide avanzar de facto en el eje de la justicia social. Así pues, trabajemos juntos con perspectiva para no generar nuevas frustraciones.

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Septiembre 26 2017

Los 100.000 hijos de San Luís atraviesan Foronda

Los conocidos como los “100.000 hijos de San Luís” combatieron en 1823 al servicio de Fernando VII y Francia para restaurar el absolutismo y acabar con la disputa por el trono español y a su vez acabar con el liberalismo. Escribía Benito Pérez Galdos en los episodios nacionales “en los pueblos del norte, la intervención vencía sin batallas, ya antes de que se asomara el morríón del primer francés de la vanguardia, la Constitución estaba humillada” Posteriormente a la restauración en el trono de Fernando VII los consagrados hijos, hicieron guardia absolutista en labores policiales hasta el año 1828, hasta que entendieron que la paz estaba asegurada., aunque los problemas de “seguridad”, continuaron presentes durante toda la primera mitad del siglo. ¿Quizás por esto surgió casi entonces la Guardia Civil?

Parece pues que la tendencia hacia el absolutismo, vivía arraigada en el pueblo vasco, que contemplaba con estupor como la llama de las matxinadas, que luchaban sin desmayo contra la perdida de derechos, se iban apagando. Sin embargo en Pamplona y Donostia la resistencia fue notable y propia de un pueblo que reclama para sí el derecho a pertenecer a la corona que le plazca o a ser libre por sí mismo.

Así pues la pasividad y relajación ante la invasión Francesa no fue tal. En cualquier caso lo que narran las novelas es que el paso por Vitoria Gasteiz fue tranquilo. En el fondo, los 100.000 hijos de San Luís lo que trataban es de mediar entre los nobles absolutistas y los liberales burgueses. No buscaban solución democrática, impropia de un ejército digno del rey sol, sino acuerdos nobiliarios escritos en pagares y en transacciones económicas. Los derechos, que para sí reclamaban los liberales, no entendían de pobres, de escuelas o de hospitales, sino de compartir el poder y la riqueza.

Con el tiempo hubo una cuerdo de confraternización y con federalización entre burgueses y nobles de cuna, llegando a olvidarse de sus riñas. Este trato se selló con fuego en los diversos alzamientos, pronunciamientos y guerras que hubo en los siglos posteriores por todo el viejo reino de España y también en lo que se definió como el bipartidismo.

Los 100.000 hijos de San Luís ya no están con nosotros-as, pero las campas de Vitoria por las que pasaron siguen rebosantes de pasividad. La llama encendida del cambio que guía en la actualidad la ciudad de Pamplona o la siempre revoltosa Bella Easo, tan activa ante el derecho a decidir, llevaron también con tranquilidad y orgullo el cambio al ayuntamiento de la capital alavesa, pero dejaron la pasividad y el “despasito” en las campas de Foronda.

Catalunya vive una situación histórica, pero no vive un apoyo institucional vasco que podría ser clave para la internacionalización de su propio conflicto. Siendo claros, la función de mediación decae desde el momento en que se descubre que el objetivo no es otro que constituir dos estados nuevos, el vasco y el catalán, ya que, no hay mediación posible cuando el conflicto no tiene término medio posible.

Así pues los allí presentes y tras escuchar al manda más, quedan convertidos en los nuevos cien mil hijos de San Luis, obviando que la única mediación posible es el reconocimiento de los derechos de las personas y los pueblos, legítimamente establecidos en sus leyes si estas parten de una verdadera voluntad democrática y no de ocultas aspiraciones absolutistas.

La solución catalana pasa por votar todos aquellos modelos de convivencia que se perciban como tales en Catalunya y el que más votos saque será el que legítimamente pase a gobernar a sus ciudadanos. Todo lo demás es será parte de una nueva novela de naturaleza poética y a estas alturas hace falta más prosa y realidad., que sueños y nuevos ejércitos mediadores.

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Septiembre 06 2017

De Primo de Rivera al uno de octubre, la insoportable levedad del estado español

La historia es cabezota y entre sus líneas se puede observar con nitidez, que algunas ideas que escuchamos de boca de líderes actuales, en realidad, no son sino la repetición de algunas de las viejas ideas que en el pasado llevaron a estar cercanas y amigables, a personas provenientes de dos mundos tan distintos como son el militar y la política.

En 1923 el capitán general de Catalunya, Miguel Primo de Rivera, se sublevó contra el gobierno y el rey aduciendo en un manifiesto que “había que salvar España de los profesionales de la política”. Ya en uno de sus discursos dijo “lo que tenemos que analizar es si la pluralidad legislativa que se quiere poner en marcha, está bien definida en torno a lo que forma la base de la nación española”. El 18 de julio de 1936 el general Francisco Franco decía en su manifiesto para el alzamiento “guerra sin cuartel a los explotadores de la política”. También alegaba ante la “ruptura de España”, la necesidad de defender su unidad. Blas Piñar decía el 25 de febrero de 1981 después del intento de estado en las Cortes “estamos ante la auto destrucción del estado nacional, porque la posibilidad de equilibrio entre la nación española y las nacionalidades es imposible”.

Así pues los políticos como representantes de la soberanía nacional ejercida a través de las urnas, siempre han estado en el punto de mira de algunos-as. En aparente vigilancia por militares y políticos cercanos a la extrema derecha española desde tiempos inmemoriales. Actualmente, responden a una combinación habitual e histórica que siempre ha estado rondando alrededor de lo que en Madrid han definido como “el problema catalán”.

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